Jornadas sobre La Fuerza del Liderazgo llevadas a cabo para las Fuerzas Armadas Colombianas

Sergio Blancafort/ Executive Coach CPCC

Estas jornadas parten de la necesidad de desarrollar el trabajo “entre retiros” del programa de liderazgo co-activo que ofrece la Fundación Augere en España sobre el modelo de liderazgo desarrollado por CTI (Coaches Trainning Institute) y los co-lideres que lo desarrollamos e implementamos durante los días 20 y 21 de Enero somos Sergio Blancafort y Maria del Mar Machado, ambos coaches co-activos formados por esta misma organización y en proceso de finalización del mencionado programa de liderazgo.

Al final citaré el nombre de cada una de las personas que, no sólo lo hicieron posible sino que contribuyeron a la realización del mismo desde su soporte y aporte y, sobra decir, sin las cuales el éxito de éste no hubiera sido el mismo, pero ahora pasemos a los hechos.

Como expresa el encabezado, la propuesta implicaba acercar a las FFAA el enfoque sobre el desarrollo del liderazgo que propone el modelo co-activo.  Una orientación que asumíamos complementaria a la forma en la que tradicionalmente se viene ejercitando este tipo de entrenamiento entre sus filas.

No quiero entrar a referir cuales fueron nuestros temores al comprender que estábamos tratando de aportar herramientas a la que posiblemente es la mas alta escuela en este particular y que, durante los primeros momentos, en la reunión informativa previa a estas jornadas que mantuvimos con los mandos responsables de la Base Naval de Coveñas en la cámara de oficiales,  la solvencia de su discurso y sus conocimientos nos inspiraron un profundo respeto.

Comprender que habíamos tenido la valentía u osadía, según se mire, de llevar nuestros conocimientos a un lugar donde cuestiones similares a las que nosotros traíamos llevan décadas siendo contempladas, discutidas y puestas en práctica desde los diferentes segmentos de la cadena de mando constituía un inquietante hallazgo, no lo negaré, pero también un gran reto.

Aquellos señores entendían muy bien lo que trataban. En un porcentaje muy elevado de las cuestiones relativas al liderazgo nos llevaban una amplia ventaja, sin embargo, esperaban de nosotros algo importante, algo sustancial que significara un aporte útil a lo que constituye su principal empeño, y esa apertura por parte de ellos constituyó el mejor recibimiento. No solo porque nos autorizaba a llevar a la práctica nuestro propósito sino porque nos impulsaba, desde sus generosas expectativas, a dar lo mejor de nosotros mismos.

Nuestra misión era influir en la vida y vocación de 2.400 Infantes de Marina de todas las graduaciones, desde tropa de reemplazo hasta Altos Mandos, durante 4 sesiones de 4 horas de duración en las que participarían conjuntamente, en días sucesivos, todas las categorías y graduaciones de la cadena de mando.

Después de aquella conversación que mantuvimos sobre el programa con la Jefatura Militar, comprendimos muchas cosas. Comprendimos que había términos muy distintos que significaban cosas muy similares. Comprendimos, por ejemplo, que aquello que ellos denominan Virtudes, nosotros lo entendemos como Valores y que mientras su modelo trata de uniformar a sus miembros induciéndoles a la asimilación de un ideario externo,  el nuestro trata de diferenciarlos conectando al individuo desde lo interno. Y así comprendimos también que, aunque la polaridad sea distinta: en el primer caso se aspira a la incorporación de algo externo y en el segundo a reconocer lo que es propio, el resultado acaba siendo muy similar.  La responsabilidad, la lealtad, la entrega a los demás, el honor o la seguridad, están siempre al final del camino, sea cual sea el recorrido.

Ahora bien, en un entorno donde la uniformidad constituye un eje fundamental y la obediencia no puede ser cuestionada por razones de coordinación táctica, no hay mucho espacio para la ponderación de lo diverso. Esa era, aparentemente, la primera paradoja a la que nos enfrentábamos, pero sigamos adelante…

Mantener conectado y abierto a un contingente de 600 personas por sesión de una forma participativa, realmente no es tarea fácil. Distribuimos el contenido entre la parte teórica y la práctica. La teoría arrancaba con una definición o, mejor dicho, con un enunciado del que se descolgaba la estructura del taller:

“Líder es alguien que elige conscientemente aquello que considera mejor para un grupo o colectividad, comprometiéndose en la guía del mismo para el beneficio mutuo.”

Y a partir de ahí, empezábamos a desarrollar cada uno de los atributos: Elección Consciente, Compromiso y Guía, alternando la teoría con los d-brief necesarios para incluir las intervenciones de los asistentes y mantener la participación.  También utilizamos algunas proyecciones que llevábamos preparadas, pero el momento cumbre de cada una de las cuatro sesiones, el clímax, donde alcanzamos las mas altas cotas de aprendizaje entre los participantes fue el momento destinado a la visualización de su Capitán.

Nos habíamos distribuido el trabajo a la manera co-activa, entre Maria del Mar y yo. Yo hacía la presentación, les explicaba cual sería el ejercicio, quien era el Capitán que iban a encontrar al final del recorrido y lo que podían esperar de él, mientras Maria del Mar conducía la visualización, empujando a la audiencia hacia ese espacio interior de seguridad y descubrimiento, hacia la casa de su Líder Interior. Una vez obtenidas las respuestas, cuando los participantes regresaban de la meditación, me ocupaba yo nuevamente de extraer los valores que habían sido honrados, de entre los voluntarios que se ofrecían para compartir aquel encuentro con su Capitán.

El auditorio se compactaba cada vez que esto sucedía. Las aportaciones procedían de categorías militares diferentes así como de extractos sociales y culturales distintos, pero la sinceridad y la apertura, el abrazo con el que recibían esa parte de ellos mismos cada uno de los participantes que se ofrecían a compartir su experiencia era fundamentalmente el mismo. No teníamos previsto en el programa que esa dinámica ocupara el espacio central de cada una de las sesiones con tanto protagonismo y tuvimos que ajustar los tiempos para concederle mas importancia y poder incluir así a un mayor número de participantes que desearan  profundizar en la conexión y sintetizar el mensaje que escuchaban desde aquel lugar recóndito de su propia experiencia vital, desde aquel encuentro con su líder interior.

Las Jornadas sobre la fuerza del liderazgo llevadas acabo en la base Naval de Coveñas fueron un éxito reconocido por las Autoridades Militares durante la clausura de las mismas. El Almirante, los comandantes de la Base y demás responsables del centro de formación de la Base Naval de Coveñas nos entregaron una Mención Honorífica y un diploma de reconocimiento a nuestra labor que nos hizo sentir enormemente orgullosos pero hubo algo mas. Algo que a mi particularmente me hizo sentir también agradecido. Fue la confesión de un joven oficial que quiso darme las gracias al final de la ceremonia, haciéndome partícipe de su experiencia. Su viaje en pos del capitán le había llevado a su propia casa, me dijo. Sus hijas abrieron la puerta y, después de una breve conversación, le entregaron un regalo. Este no era mas que la foto de las dos niñas, de 5 y 7 años de edad. El Alférez tomó el pequeño marco alargado en sus manos y, después de contemplarlo, lo volteó descubriendo que era un espejo. Un espejo que reflejaba su propia imagen, haciéndole comprender que el capitán que había estado buscando durante tanto tiempo no era otro sino él mismo y que todo lo que estaba tratando de  ser y aprender estaba ahí adentro.  La palma de su mano se afianzaba en su corazón en aquel momento.

Nuestro agradecimiento a:

Sr. Almirante César Augusto Gómez Pinillos
Coronel de I.M. Roger Noguera Echeverría
Coronel de I.M. Juan Carlos Guzmán Sánchez
Teniente Coronel de I.M. Sarug Chilito Rodríguez
Teniente de Navío Arturo García Martínez
Por la confianza depositada en nosotros y el enorme soporte de su experiencia, y a nuestras ayudantes infatigables, por su apoyo y eficiente colaboración, la coach Diana Machado y la pintora Maria Fernanada Cuartas.

Sergio Blancafort/ Executive Coach CPCC

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