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¿Cómo afrontar las dificultades?

6 febrero 2012 | 6 Comentarios

Ana Ruiz-Valeta Julián/ Especialista en RRHH y Coach Co-Activa Certificada CPCC

La vida nos manda regalos envueltos en problemas/ JUAN CARLOS DE PEDRO

Entre las orillas del placer y del dolor fluye el río de la vida. Solo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las orillas, se convierte en un problema. Fluir con la vida quiere decir aceptación: Dejar llegar lo que viene y dejar ir lo que se va. Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede. / NISARGADATTA

Hay momentos en los que sentimos que todo en nuestra vida fluye como un riachuelo de montaña: nos movemos resueltos, con una claridad y frescura natural. Sorteamos ágilmente las piedras del camino, sintiéndolas un reto fascinante e incluso divertido. Me refiero a esos momentos en los que parece que los astros se hayan alineado para que todo suceda de manera natural, armoniosa e incluso mágica. La energía rebosa nuestro cuerpo y nos sentimos felices, alegres, agradecidos y en paz con el mundo.

Sin embargo hay otros momentos en los que la vida ya no fluye cantarina y nos encontramos, sin previo aviso, en una ciénaga de aguas verdes y enlodadas. Atrapados, nos lamentamos de los obstáculos que nos impiden proseguir nuestro camino. En esos momentos en los que parece que todo se para, se vuelve costoso avanzar hacia nuestros objetivos o incluso mantener nuestra energía y buen humor. Sentimos que hemos perdido nuestra buena estrella y ¡cuánto nos resistimos a ello!

Pero así como somos capaces de ver la bondad que existe en los momentos en que la vida fluye, somos incapaces de encontrarle un sentido a cuando la vida se para o se quiebra.

Tras haber pasado numerosas veces por el mismo conocido lugar, he aprendido a “pillarme en el acto”. Así que cuando percibo que me instalo en la queja, me siento enfadada con la vida, porque la veo injusta o absurda. Cuando me siento atascada, triste y apática; o cuando, contrariada, me siento agotada de intentar salir de ese desagradable estado sin lograrlo, sé que ha llegado el momento de pararme y reflexionar.

Aquí os propongo algunas de las preguntas que suelo hacer a mis clientes, y que personalmente más me han ayudado a cambiar la perspectiva sobre lo que estoy viviendo, aportándome una renovada luz sobre la situación:

Si las cosas que nos suceden en la vida tuvieran un sentido, un propósito concreto… ¿Para qué crees que es necesario que pases por dónde estás? ¿Qué debes aprender para continuar el camino?

Aunque sólo sea un 1%, si tuvieras que encontrar algo… ¿Qué hay de bueno en esta situación para ti?

¿Cuál es el brillante que esconde esta piedra, el regalo que esconde este problema?

¿Qué te está pidiendo la vida que aprendas en este momento?:
¿Qué debes aceptar?
¿A qué te estás resistiendo?
¿Qué parte de ti, que tienes olvidada o descuidada, te está demandando esta situación?

Para los que os gusten más los cuentos y aforismos, os dejo aquí un par para la reflexión:

QUIÉN SABE QUÉ ES BUENO Y QUÉ ES MALO.

Hay una historia acerca de un viejo sabio en la China que tenía un caballo y un hijo. Todos sus vecinos le tenían lástima y siempre le decían: “Qué triste que todo lo que tienes es un hijo y un caballo”. El viejo sabio siempre respondía con las siguientes palabras: “¿Qué es bueno, qué es malo, quién sabe?” Un día, el caballo se escapó. Todos los vecinos se le acercaron con mucha compasión, diciendo: “¡Es terrible, tu único caballo se escapó y ahora solamente tienes a tu hijo. Es terrible!”. Como siempre, el viejo encogió sus hombros y dijo: “¿Qué es bueno, qué es malo, quién sabe?”. Pasó una semana y el caballo regresó, y con él venían doce hermosos caballos salvajes. Los vecinos estaban muy emocionados y corrieron hacia el viejo proclamando su buena fortuna: “Es tan maravilloso, ahora tienes muchas posesiones”. El viejo sabio respondió una vez más encogiendo sus hombros con las acostumbradas palabras: “¿Qué es bueno, qué es malo, quién sabe?”. El viejo sabio le dijo a su hijo que comenzara a entrenar a los caballos salvajes para que pudieran serles útiles. Un día, el hijo estaba montando un caballo particularmente salvaje, se cayó y se rompió ambas piernas. Cuando los vecinos supieron, llenos de lástima le decían: “Qué cosa tan horrible lo que le pasó a tu único hijo”. El viejo sabio nuevamente se encogió de hombros y dijo: “¿Qué es bueno, qué es malo, quién sabe?”. Poco tiempo después, llegaron unos jinetes desde una villa cercana buscando a todos los hombres físicamente capaces para ir a la guerra y para ayudarles a proteger su villa de las bandas de ladrones que merodeaban por allí. Así fue como todos los jóvenes de las villas cercanas fueron a ayudar a la guerra excepto el hijo del viejo sabio, quien tuvo que quedarse en casa porque sus dos piernas rotas aun no habían sanado. Todos los jóvenes que fueron a la guerra murieron pero el hijo del viejo sabio vivió muchos años. Entonces, cuando parezca que tu mundo se está derrumbando a tu alrededor y no puedes encontrarle ningún sentido a lo que te está pasando, siempre recuerda que no conoces la película completa y recuerda también las palabras del viejo sabio: “¿Qué es bueno, qué es malo, quién sabe?”.

Recuerda: Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, se transforma.

Por Ana Ruiz-Valeta Julián/ Especialista en RRHH y Coach Co-Activa Certificada CPCC

6 Comentarios »

  • JORDI U. comentó:

    Felicidades por el artículo, me ha gustado mucho, es muy potente y profundo.

  • Carles Ventura comentó:

    Cliente que nos está contando lo que él considera sus “miserias”. Le preguntamos qué tienen de bueno para el esas “miserias”. Nos mira como si estuviéramos locos. Ve que va en serio. Reflexiona. Dubitativo dice lo que se le ocurre. Ve que sí, que ahí hay algo de lo que aprender. Se le iluminan los ojos… Y el aprendizaje se dispara…
    Gracias Ana por el texto!

  • JC comentó:

    Hola Ana, gracias por recordarme la historia del caballo. La verdad, el pensar que la vida tiene un sentido no es más que una construcción de nuestra mente. No hay finalidad alguna, más allá de la que nosotros queramos darle.

    Pero otra cosa es tener las herramientas para aceptar y asumir los sucesos y ser capaces de aprender de la experiencia, para por lo menos, aun de lo malo, extraer algún beneficio.

    Ya sabes, cuando te pase algo malo y te pregunten como estás, puedes responder, “jodida, pero más sabia”.

  • Natàlia comentó:

    Muy bueno el artículo, Ana.

    Totalmente cierto que muchas veces nos cuesta aprender de los fracasos, que no son tales si nos aportan un aprendizaje. Con un espíritu positivo y predisposición a estar atento, la vida se ve de otra forma.

    Seguiré de cerca tus próximas publicaciones, que siempre resultan inspiradoras

  • CARMEN HERRERO comentó:

    Si supieramos que hay al final del camino ¿cómo actuaríamos?, y si queremos escribir el final ¿cómo debemos actuar?, no sabemos qué hay al final, el objetivo de uno mismo hay que construirlo, no hay otra, así que pensemos que tenemos dos hijos, uno es increiblamente capaz intelectualmente además de tener un físico admirable, el otro tiene problemas de desarrollo, no está tan dotado intelectualemte y su físico y habilidades sociales no hacen que destaque, ¿qué será de su futuro? ¿quién de los dos será más feliz? ¿quien de los dos conseguirá sus objetivos en la vida?, ¿alguien lo sabe?…, la cantidad de variables que van a influir son infinitas, pero hay algo que deberán hacer los dos, luchar, trabajar, crecer personalmente, nada está escrito. ¿Qué es bueno y qué es malo?, quizás es más importante ¿dónde y como estoy hoy, donde quiero llegar y qué puedo hacer para conseguirlo?

  • Nestor Molina comentó:

    Gracias Ana por compartir algo tan profundo con sencillez me encanto la forma de presentar y a Carmen por su valioso aporte

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